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jueves, 5 de julio de 2007

El obsceno - y ahora quijotesco- apagón fílmico

De las sabrosas aventuras que acontecieron a nuestro heroe en un videoclub y la misteriosa visita que estremeció al caudillo


Estaba concentradísimo buscando la película de "Everything is illuminated" para compararla con el libro, el cual olvidé en un taxi hacía bastantes meses. En eso las luces del videoclub se apagan. Hay gritos, los gerentes y sus ayudantes, unos reverendos maricas, dicen sin disimular siquiera "tengo mucho miedo, abrazame, ¿Dónde están?". Ese Dónde Están a mi me pareció algo sacado de contexto, ¿a quiénes iba dirigida la pregunta?
Yo, un hombre de razón, aficionado a Freud y al CNN rápidamente saqué la conclusión que aquello no era sino un atentado terrorista. Osama se proponía acabar con el cine occidental.
Dispuesto a moler a los afganos paganos hijueputas, me armé de lo que tenía a la mano, 2 Dvd's que harían esta vez de estrellas ninja, uno era un clásico de Fritz Lang y otro un filme almodovariano cuyo nombre no detecte en tanta oscuridad (posiblemente KIKA).
Otro cliente del lugar incitaba a que robaramos todas las películas que pudiesemos. Yo lo tildé de imbécil, ya que en vez de remangarse los puños para pelear contra los árabes, no hacía sino apoderarse de las temporadas de los sopranos que en toda su zafia existencia jamás podría costear.
Atrás de mí el muro de películas se empezó a agitar, sepultándome en filmes. Escapé justo antes que el muro se me viniera abajo, cuando una empleada jovencita gritó SILENCIO y habilitó la energía de reserva del establecimiento.
No había moros terroristas detrás del muro, tan sólo el empleado epileptico del videoclub que entre sus ataques desconectó la energía eléctrica, se tragaba su lengua y sembraba el caos en el lugar.
La femina llamó a una ambulancia, lo puso en lugar seguro (la bodega) y me dio el 2x1 en mis películas.
Le pregunté su edad, me dijo que 18, le contesté que era muy madura para los 18 que tenía, que era ella muy seria y centrada, no cómo el cobarde gerente.
Ella sonrió y me dijo sobre el gerente:
"¿Pues que esperaba? Ha visto demasíadas películas de terror".

Al llegar a mi casa me esperaban 3 hombres, dos de ellos estaban uniformados de verde, venían escoltando a mi padre. Papá tenía una expresión triste y no me miraba, tenía la cabeza gacha.
-¿Es usted el Dalai Lama?- Me preguntó el soldado.
-No soy Buddha- Respondí. Mi respuesta era retadora, ya que ellos me miraban vestido como un monje tibetano. No le retiré los ojos al soldado, alcé la vista un poco y vi la estrella roja de su sombrero, lo comprendí todo, eran soldados chinos.
Los ojos razgados del soldado expresaron un coraje mezclado con impaciencia - Tendrá que venir con nosotros, de lo contrario no sabemos que pueda pasarle a su padre.

sábado, 30 de junio de 2007

Blackout - Extraño mi hogar... (mi hogar no es el Tíbet jod*r)

Tuve 2 apagónes o blackouts. Aún no sé si son señales del destino o simples desgracias.
Verán.... El dinero que recibí por la expropiación de mi casa fue una vasca... No sólo eso, el edificio dónde el gobierno me asignó apartamento por 2 días ( en lo que supuestamente conseguía yo un hogar), para mi suerte de vagabundo, era un ghetto.
De haberme quedado ahí otro día unos malandrínes de piel de color me hubieran matado. -OJO, yo soy moreno, no soy racista, pero aquello era un ghetto de negros drugdillers-
Me dí cuenta de que eso era un ghetto cuando mi vecina, una wapisima piel mocca de 25 años aprox. estaba superjunkie, traía la narís toda polveada a las 9am en el pasillo.
Le dije "oye guapa, que te has puesto más maquillaje que un payaso". Aquello no era maquillaje, y aquella no era una chica, era un spaghuetti humano, ¡que sí no!, sus piernas no la dejaban mantener el equilibrio. La pobre se caía para adelante y la sostuve. En eso que su novio sale del apartamento y ve toda la escena. En pocos segundos una escena casi kafkiana sucedió, pasó de humano a ser toro aquel hombre. Para tratarlo de calmar, le dije que yo era un castísimo monje budista, que viera mis brazaletes, mis malas (rosarios budistas), mis mantos -sagrados- etc...
Hago una pausa aquí para aclarar que cualquier objeto zen o vestuario budista me ha sido regalado por los monjes y/o aficionados -fans-. Al ser expropiada mi casa no tuve tiempo de cargar ropa normal, tan sólo mis mantos, algunos brazaletes, malas (imagen 0.2), mi laptop y un disfraz de subcomandante del cual se habló en el post pasado.
Pues DisqueBuddha o no, el hombre lejos de darme ofrendas olor a incienso me propinó unas patadas terribles. Hasta que perdí el conocimiento. Ese fue el primer blackout.
Al despertar creí que la suerte me sonreía... Pero no, eso se los digo mañana...